¿Cuántos tipos de leche conoces?
Seguro que la primera que se te ocurre es la leche de vaca, pero hay muchas más. Vamos a empezar dividiéndolas en dos categorías: leche animal y bebida vegetal.
Como su nombre indica, la primera procede de vacas, cabras, ovejas y otras hembras del mundo animal. Por otro lado, las bebidas vegetales más conocidas son la bebida de soja, la de almendra y la de avena y arroz.
Un dato curioso: la ley prohíbe llamar «leche vegetal» a lo que habitualmente conocemos con ese nombre. Estas bebidas no pueden llevar la palabra «leche» en su nombre; la expresión correcta es «bebida de …».
Dicho esto, ¿cuáles son las diferencias a nivel nutricional? ¿Existe alguna leche alternativa a la leche de vaca? ¿Elegir una leche en particular en lugar de otra supone alguna diferencia para el intestino?
Vamos a empezar hablando del factor que más influye al elegir el tipo de leche: las intolerancias.
Intolerancia a la lactosa
Dolor abdominal, hinchazón, meteorismo… todos ellos síntomas que conocen muy bien las personas intolerantes a la lactosa. ¿Cuál es la causa?
Gracias a una enzima llamada lactasa, en el intestino la molécula lactosa se divide en otras dos moléculas, una de glucosa y otra de galactosa, que son absorbidas por la sangre.
Tenemos esta enzima desde que somos pequeños, pero algunas personas la pierden al crecer y, por tanto, pierden también la capacidad de digerir la lactosa. ¿Qué ocurre cuando la lactosa llega al colon?
La flora bacteriana intestinal empieza a fermentarla y acaba provocando todas las molestias que hemos dicho antes.
Caseína: ¡hay mundo más allá de la lactosa!
El auténtico problema de las intolerancias es otra proteína de la leche y el queso: la caseína.
Cuando la leche es rica en caseína, es más fácil elaborar quesos con ella; por eso, se alimenta forzosamente a la vaca con soja y suplementos, para que produzca leche con la mayor cantidad posible de caseína.
Sin embargo, la caseína (además de encarecer el producto final) dificulta la digestión de la leche para nuestras vellosidades intestinales y también puede provocar enfermedades en la mucosa del intestino delgado.
Lo mismo ocurre con los productos derivados: el consumo excesivo de quesos ricos en caseína aporta a la sangre una dosis elevada de metionina, un aminoácido que luego se convierte en cisteína.
Si no se produce la transformación, la metionina se acumula en forma de homocisteína, una molécula agresiva para las paredes arteriales.
Entonces, ¿cómo podemos saber cuál es la leche más conveniente para nosotros y nuestro intestino? Te hemos preparado una lista de consulta. ¡Sigue leyendo!
Leche de vaca y otros tipos de leche animal
Esta familia incluye la leche que todos conocemos, la leche de vaca.
¿Es verdad que la leche de vaca es mala para la salud? Este tipo de leche se compone de un 87 % de agua, un 3,9 % de grasa, un 3,4 % de proteína y un 4,8 % de lactosa.
Por lo tanto no es apta para intolerantes, pero para quienes no tienen este problema la leche de vaca es rica en nutrientes: hidratos de carbono, proteínas, grasas, vitaminas y minerales. Además de calcio, contiene fósforo, potasio, magnesio, zinc y selenio, y es una fuente importante de vitaminas del grupo B.
¡Pero la leche de vaca no es el único tipo de leche animal que puedes consumir!
Leche de cabra y leche de oveja
La leche de cabra se parece a la leche de vaca, pero tiene menos lactosa. Puede consumirse como bebida o en forma de queso y yogur.
Es rica en lípidos, hidratos de carbono, proteínas, vitaminas y minerales (como fósforo, potasio, calcio y magnesio), fortalece el sistema inmunitario y tiene propiedades antiinflamatorias.
Por otro lado, la leche de oveja es rica en lípidos y colesterol, pero también es rica en vitaminas y minerales para la salud ósea.
Por su alto contenido en caseína, la leche de oveja es ideal para elaborar productos derivados (requesón y queso) y es muy sabrosa. En Italia es el segundo tipo de leche más vendido, después de la leche de vaca.
Leche de búfala
La leche de búfala es rica en grasas y proteínas, sobre todo caseína.
Por este motivo, es perfecta para elaborar derivados, en especial la mozzarella, pero es sumamente difícil de digerir, a pesar de que tiene menos contenido de lactosa que la leche de vaca.
Leche de burra y leche de yegua
El uso de la leche de burra es muy antiguo: seguro que recuerdas que Popea llenaba bañeras enteras con ella para sus baños de belleza; además, fue una de las primeras leches que se utilizó como sustituto de la leche materna, ya que es muy parecida a la leche humana.
Contiene proteínas y lípidos y está recomendada en la tercera edad porque protege contra la osteoporosis.
La leche de burra contiene lactosa y caseína, por lo que no es apta para intolerantes.
Al igual que la leche de burra, la leche de yegua es similar a la leche materna humana y se recomienda como alimento para ancianos y para personas con algunas enfermedades y molestias digestivas, como úlceras, inflamaciones, colitis, diarrea y estreñimiento.
La bebida vegetal
Estas bebidas se hicieron muy populares en el mercado tras descubrirse que muchas personas eran intolerantes a la lactosa, debido a la falta de la enzima lactasa producida por las microvellosidades del intestino delgado.
No obstante, la intolerancia a la lactosa no es una condición aislada: si aparece, significa que el resto del intestino también tiene algún problema. De hecho, no se produce lactasa por una afectación de las vellosidades intestinales, que están dañadas por una alimentación incorrecta.
Sin embargo, conviene recordar que para algunas personas el problema no es la lactosa, sino la caseína. Por eso, las leches vegetales son una muy buena solución, porque no contienen ni lactosa ni caseína.
Vamos a verlas con más detalle junto con recetas para hacerlas en casa.
Bebida de soja
Tiene un perfil nutricional equilibrado y, en este sentido, es la que más se parece a la leche de vaca.
Es muy rica en proteínas y grasas (estas últimas en menor cantidad que la leche de vaca), pero no contiene colesterol y también contiene lecitina (una molécula útil para controlar la grasa en sangre).
La bebida de soja también se consume mucho por su contenido en isoflavonas, a las que se atribuyen propiedades anticancerígenas. Sin embargo, la acción de las isoflavonas no siempre es positiva, ya que depende mucho del estado de salud de la persona y de su capacidad para metabolizarlas.
Bebida de arroz
De todos los tipos de bebida vegetales, es la que contiene más hidratos de carbono y menos proteínas y lípidos, a diferencia de la bebida de soja.
También se puede hacer en casa siguiendo esta receta:
- Poner en remojo 60 g de arroz en un litro de agua;
- Tras una hora en remojo, hierve durante 40 minutos;
- Bate el agua y el arroz hasta que la mezcla se vuelva líquida;
- Pasa todo por un colador;
- Vierte la leche de arroz resultante en un recipiente de vidrio y guárdala en la nevera. Si quieres cambiar el sabor, ¡puedes añadir especias!
Bebida de avena
Tiene un contenido equilibrado de hidratos de carbono, proteínas y lípidos. Es un alimento muy completo y también se utiliza en las gachas o porridge, un plato típico del desayuno inglés.
Aquí tienes una receta para hacer bebida de avena casera:
- Cuece 50 g de avena en 500 ml de agua durante 50 minutos;
- Bate hasta reducir la mezcla a una papilla líquida;
- Añade 500 ml de agua fría y bate de nuevo;
- Pasa la mezcla por un colador y la bebida estará lista: consérvala en un recipiente de vidrio.
Bebida de almendra
Es una bebida muy energética que se prepara con almendras dulces. Tiene
propiedades antidepresivas, antiinflamatorias, refrescantes y equilibrantes del estado de ánimo. La bebida de almendra está especialmente recomendada en invierno por su acción protectora de las vías respiratorias y contra la tos.
La bebida de almendra tiene un mayor contenido de grasas omega 3, más hidratos de carbono y proteínas equilibradas, como en la leche de avena. Un vaso de bebida de almendra no contiene lactosa y tiene una mayor dosis de calcio y mejores valores nutricionales que la leche de vaca.
Aquí tienes una receta para hacer bebida de almendra casera:
- Compra 100 g de almendras con cáscara (en este caso tendrás que pelarlas) o sin cáscara. Puedes utilizar almendras con la membrana marrón o sin ella, pero las almendras con membrana son más nutritivas;
- Pon las almendras en remojo durante unas horas;
- Seca las almendras, pártelas y ponlas en la batidora junto con abundante agua. A continuación, bate hasta obtener un líquido blanco;
- Coge un bol y un paño de cocina limpio, coloca el líquido sobre el paño de cocina y cuélalo añadiendo un litro de agua.
¡Ya puedes disfrutar de tu bebida de almendra! Puedes consumirla inmediatamente o embotellarla y guardarla en la nevera hasta dos días.
La pulpa que queda en el paño se llama okara y se puede utilizar como fibra en el yogur.
Bebida de espelta
Tiene menos hidratos de carbono que la bebida de arroz, muchas proteínas de alto valor biológico con aminoácidos de cadena ramificada y fenilalanina, y tiene un efecto tónico, perfecto para quienes necesitan energía y mejorar su estado de ánimo.
La producción y comercialización de diferentes bebidas vegetales puede variar su valor nutricional. Lee siempre la etiqueta o prepara bebida de espelta en casa (siguiendo el mismo procedimiento que para la leche de arroz):
- Pon en remojo 50 g de espelta en un litro de agua;
- Tras una hora en remojo, hierve durante 40 minutos;
- Bate el agua y la espelta hasta que la mezcla se vuelva líquida;
- Pasa todo por un colador;
- Vierte la leche de espelta resultante en un recipiente de vidrio y guárdala en la nevera.
Puedes hacer leche en casa con cualquier tipo de cereal (quinoa, amaranto, cebada…), en función de tus necesidades:
- hidratos de carbono: leche de arroz o de avena
- tono muscular: leche de espelta
- proteínas: leche de mijo, quinoa y amaranto
¿Quieres personalizar el sabor? ¡Añade vainilla o canela! Si haces tu propia bebida vegetal, sabrás lo que tomas en todo momento.
Helado vegetal y kéfir: derivados aliados del intestino
¡También puedes hacer helado con bebida vegetal! Es un postre perfecto para las personas intolerantes a la lactosa y la caseína, pero también para las que siguen una dieta de descanso intestinal.
¿Y qué pasa con el kéfir? ¿Lo has probado alguna vez?
Es una bebida probiótica rica en comunidades microbianas, más completa que el yogur (contiene más de 15 especies de microorganismos vivos y vitales, que compiten y reaccionan contra bacterias y microorganismos agresivos en el interior del intestino).
Su nombre es turco y significa «bienestar». Se prepara combinando leche fresca o agua con fermentos o gránulos de kéfir (formados por el polisacárido kefirán, que alberga comunidades microbianas de bacterias y levaduras buenas para la higiene y el bienestar intestinales).
Tiene un alto contenido en minerales (calcio, fósforo, magnesio y zinc), aminoácidos (treonina, prolina, lisina y triptófano) y vitaminas del grupo B.
Un consumo diario de kéfir puede ayudar a:
- regular las funciones intestinales
- contrarrestar el desarrollo de gérmenes peligrosos
- estimular el sistema inmunitario del tubo digestivo
Cómo preparar kéfir
Puedes comprar los gránulos de kéfir en farmacias, herboristerías y tiendas ecológicas.
El kéfir de leche se obtiene añadiendo los gránulos a leche fría o a temperatura ambiente, nunca demasiado caliente. Deja fermentar de 24 a 48 horas a unos 20 °C aproximadamente, removiendo de vez en cuando (puedes utilizar leche fresca pasteurizada o leche UHT).
El kéfir elaborado en casa puede tener un ligero contenido de alcohol (de hasta 1 grado), mientras que algunos productos industriales no presentan esta característica porque se emplean métodos de producción específicos.
Si no se consume inmediatamente, el kéfir debe guardarse en la nevera, donde se conserva más de una semana: si se deja fermentar más tiempo, se vuelve demasiado ácido y adquiere un sabor picante.
El kéfir también se puede hacer con agua, pero tiene menos probióticos que el kéfir de leche. Aquí tienes la receta para prepararlo:
- En un recipiente transparente, vierte 1 litro de agua natural y tres cucharadas de azúcar natural;
- Mezcla hasta que se disuelva todo el azúcar;
- Añade los granos de kéfir, medio limón entero sin exprimir y un fruto seco; • Si quieres, también puedes añadir canela, una vaina de vainilla u otros aromatizantes naturales;
- Deja en un recipiente de vidrio a temperatura ambiente durante 48 h.
En lugar de limón, también puedes optar por otras frutas ácidas, como los arándanos.
¿Te ha parecido útil este artículo sobre los distintos tipos de leche del mercado? Esperamos que te ayude a tomar siempre la decisión correcta, esa que respeta el bienestar y la higiene de tu aparato gastrointestinal.
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