La digestión de los alimentos en nutrientes se completa en el intestino, lugar en el que son finalmente absorbidos. Así pues, tras formarse, los nutrientes (glucosa, aminoácidos, ácidos grasos, etc.) atraviesan la mucosa intestinal, pasando así del lumen intestinal a la sangre o a la linfa.
Es decir, pasan del exterior al interior de nuestro organismo. En condiciones fisiológicas y saludables, la mucosa funciona como una barrera selectiva: deja pasar los nutrientes, pero no otras sustancias que pueden resultar perjudiciales para el organismo (bacterias, toxinas, sustancias inflamatorias, etc.).
Para ello, la mucosa se compone de varias capas: moco, células epiteliales muy unidas entre sí por «uniones estrechas» y el sistema inmunitario.
Sin embargo, a veces esta barrera no funciona correctamente por diversos motivos. ¿A qué nos lleva todo esto? ¿Qué consecuencias tiene un intestino permeable para la salud? ¿Y cuáles son las causas? ¿Qué es el síndrome del intestino permeable?
¿Cómo se manifiesta una alteración de la permeabilidad intestinal?
En caso de alteración de la permeabilidad de la mucosa intestinal, podemos hablar de síndrome del intestino permeable (Leaky Gut Syndrome). Son muchos los síntomas asociados a esta afección y pueden afectar a distintas partes de nuestro organismo.
El motivo es que el intestino es un órgano vinculado a muchos otros órganos y sistemas del cuerpo: sistema inmunitario, metabolismo, estómago, cerebro, hígado, etc.
Entre los síntomas más comunes se encuentran:
trastornos intestinales, como SII, diarrea o estreñimiento;
trastornos psíquicos, como ansiedad y depresión;
trastornos inmunitarios, como tiroiditis, diabetes, psoriasis, alergias o intolerancias alimentarias como la celiaquía.
Aunque pueden ser muy diferentes entre sí, los síntomas que hemos comentado dependen todos de una alteración de la permeabilidad de la mucosa, que se produce por el «aflojamiento» de las uniones estrechas de las células epiteliales.
Al aumentar el espacio entre estas células, aumenta el paso de sustancias —entre ellas agentes irritantes y nocivos— que pueden cruzar e interactuar con el sistema inmunitario y las terminaciones nerviosas, que se activan dando lugar a diversos síntomas.
Otros trastornos relacionados con el intestino permeable son las carencias nutricionales. La mucosa, al estar irritada, no puede realizar correctamente su función de absorción.
Por lo tanto, es posible que los nutrientes que deberían absorberse permanezcan en el lumen y sean eliminados con las heces. De hecho, también son consecuencias del intestino permeable la anemia por falta de hierro y la carencia de vitaminas y minerales.
Causas del intestino permeable
Todo lo que pueda afectar a la estructura de la mucosa intestinal puede aumentar también la permeabilidad intestinal, es decir, todos los factores que pueden irritar la mucosa, reducir la capa de moco y aflojar las uniones estrechas entre las células epiteliales.
Así pues, algunas de las causas del intestino permeable son las siguientes:
estrés;
contaminantes ambientales y alimentarios;
alcohol;
alimentos de baja calidad nutricional (exceso de azúcares refinados, harinas refinadas, productos procesados e industriales, aditivos alimentarios);
medicamentos (protectores gástricos como los inhibidores de la bomba de protones, y analgésicos);
infecciones intestinales;
inflamaciones intestinales;
disbiosis.
Por otro lado, la disbiosis puede estar causada por el uso no controlado o excesivo de antibióticos, o por una alimentación inadecuada. En concreto, puede producirse por una ingesta pobre de fibra (a través de las frutas y verduras) y probióticos (a través del yogur o el kéfir), pero también por un consumo excesivo de carne roja o de proteínas en general.
Alimentos buenos para la permeabilidad intestinal
La alimentación desempeña un papel clave en la permeabilidad intestinal. De hecho, algunas sustancias de los alimentos pueden alterar las uniones estrechas entre las células del epitelio de la mucosa y, por lo tanto, aumentar la permeabilidad.
Estas sustancias incluyen azúcares simples (glucosa y fructosa) consumidos en exceso, aditivos alimentarios y ácidos grasos de cadena larga (presentes en el aceite de palma, el aceite de coco, el queso, etc.).
En cambio, en caso de intestino permeable, algunos de los alimentos que debemos consumir son aquellos que contienen sustancias buenas para la microbiota: fibra, prebióticos y probióticos.
Conviene priorizar las verduras, los cereales integrales, las legumbres, el aceite de oliva virgen extra, el yogur o el kéfir, así como reducir el consumo de azúcares y grasas. Es decir, hay que seguir una dieta mediterránea.
En cuanto a la fruta, se recomiendan aquellas con menores cantidades de fructosa, como el kiwi, la piña, los frutos rojos y las fresas.
También puede ser útil hacer un periodo de reposo intestinal:
evitar o limitar el gluten (optando en su lugar por el arroz, el trigo sarraceno o el amaranto), las carnes rojas y las grasas;
priorizar los alimentos frescos (no envasados) y líquidos (sopas, caldos, etc.).
Cómo tratar el intestino permeable
En primer lugar, podemos saber si padecemos síndrome del intestino permeable mediante una prueba de permeabilidad intestinal, que puede solicitar el médico o un gastroenterólogo.
Para ello, se analizan las heces y se miden los niveles de zonulina, una proteína que modula las uniones estrechas responsables de la permeabilidad intestinal.
Si el análisis es positivo, es fundamental seguir una dieta correcta y las indicaciones del médico. También puede ayudar tomar complementos alimenticios a base de probióticos y sustancias naturales beneficiosas para la mucosa intestinal, como polisacáridos, polifenoles y resinas.
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