Intestino

Empezar por hígado e intestino para estar saludable

Tiempo de lectura: 7 minutos

Índice

Pesa un kilo y medio en los hombres, algo menos en las mujeres. Cada día tiene unas 5000 reacciones bioquímicas y es el regulador principal de todo el metabolismo corporal.

Controla hidratos de carbono, grasas, proteínas, minerales y vitaminas. Suministra constantemente glucosa al cerebro y es el principal encargado de metabolizar el alcohol de la sangre: ¿de quién estamos hablando? ¡Del hígado, por supuesto!

¿Sabías que en la antigüedad se consideraba que este órgano era el centro de las emociones?   El hígado y el intestino están estrechamente relacionados en sus funciones y actividades. ¿Cómo? Descúbrelo en este artículo.

Hígado: el director de nuestro bienestar

Siempre hemos considerado el hígado como uno de nuestros órganos más importantes, no solo por ser vital, sino también por su valor simbólico (como el corazón, al que asociamos con el amor y la generosidad).

Los etruscos y los romanos analizaban el hígado para hacer predicciones; hoy, un análisis médico de este órgano puede revelar información valiosa sobre la salud y la longevidad.

El hígado es una glándula vital situada en el lado derecho del abdomen, protegida por las últimas costillas de la caja torácica. Cuando su tamaño supera el límite del arco costal derecho, se habla de hepatomegalia, una alteración frecuente que puede estar causada por el consumo excesivo de alcohol o por una alimentación abundante y poco saludable.

Está formado por unos 100 millones de lóbulos, unidades funcionales con forma cilíndrica que miden varios milímetros de largo y entre 1 y 2 mm de diámetro. El hígado es un enorme filtro de la sangre: sus células están expuestas continuamente a la sangre procedente de una vena de gran calibre, la vena porta, que drena la sangre del intestino. Esta sangre está cargada con todas las moléculas que se obtienen en la digestión de los alimentos ingeridos.

La glándula hepática produce entre 600 y 1000 ml de bilis al día, que se almacena y concentra en la vesícula biliar antes de liberarse en el intestino para ayudar en la digestión de los lípidos alimentarios. Recuerda que este órgano es esencial para tu organismo y que realiza un enorme trabajo cada día para procesar todo lo que comes. 

pareja caminando en un parque

Los alimentos que ingerimos, una vez digeridos y absorbidos por las vellosidades intestinales, llegan directamente al hígado. El hígado es el órgano clave en la regulación de la nutrición y la energía celular, un centro de control que regula la glucosa en la sangre y coordina todos los sistemas y órganos del cuerpo.

El hígado produce al menos 2,5 gramos de colesterol cada noche: el nivel de glucosa en sangre lleva al hígado a producir un exceso de colesterol y triglicéridos durante la noche.

El colesterol... ¡llega de noche!

Cada noche, el hígado produce colesterol, una molécula fundamental para la obtención de hormonas y vitamina D. Representan el 20 % de la membrana de cada una de nuestras células.

Existen dos tipos de colesterol:

  • exógeno, que proviene de los alimentos;
  • endógeno, que es producido por nuestras propias células.

La dieta aporta, como máximo, 300 mg al día, por lo que el consumo de colesterol exógeno debe mantenerse bajo control.

El colesterol es una molécula vital, tenemos 150 gramos de él en nuestro cuerpo (el propio cerebro es el órgano más rico en colesterol). Todas las células pueden sintetizarlo, pero su mayor producción tiene lugar en el hígado y la piel, durante la noche.

Cada día, la bilis libera en el intestino más de 700 mg de colesterol, más del doble del colesterol exógeno, mientras que el hígado, la piel y otras células producen alrededor de 2 gramos de colesterol endógeno cada noche.

La bilis está formada por sales biliares, obtenidas precisamente a partir del colesterol. Estas sales se liberan en el intestino y, una vez cumplida su función, se reabsorben en parte y se eliminan parcialmente con las heces. Esta es la principal vía de eliminación del colesterol en el organismo.

Cada uno tiene su propia dosis personal de colesterol, pero los valores aceptados son de un máximo de 200 mg/100 ml en sangre.

Gráfico del interior de una arteria, con glóbulos rojos y lípidos.

El papel y la relación entre el hígado y el intestino en nuestro organismo

El hígado desempeña un papel central en la regulación de todo el metabolismo celular. Es un órgano clave porque controla y suministra energía a todas las células mediante la liberación de glucosa y lipoproteínas cargadas de triglicéridos. 

El hígado es también uno de los órganos más afectados por los hábitos alimentarios actuales. Una dieta poco equilibrada aumenta el riesgo de desarrollar esteatosis hepática, comúnmente conocida como hígado graso. Actualmente, el 40 % de las personas adultas padece esta enfermedad, pero lo más preocupante es su alta prevalencia entre niños y adolescentes.

Un hígado sano es un hígado libre del exceso de grasa acumulada. El 70 % de la sangre que llega al hígado procede del intestino y transporta las moléculas resultantes de la digestión y absorción de los alimentos. Por ello, es importante prestar atención a los alimentos muy grasos, pero también a los excesos de hidratos de carbono. 

El exceso de glucosa procedente de los hidratos de carbono se transforma en glucógeno, pero también en ácidos grasos saturados dentro del hígado, que puede acumular hasta 70-80 gramos. Día tras día se depositan grasas en los hepatocitos: cuando el hígado alcanza el peso de 2 kg, aparece la esteatosis hepática.

Por lo tanto, es esencial controlar las moléculas alimentarias que entran en nuestro organismo a través del intestino. Este órgano tiene la función de transformar los nutrientes ajenos en moléculas útiles para el organismo, que pasan a formar parte del cuerpo.

La mano elige el alimento y lo lleva a la boca; una vez en el intestino, este se digiere hasta convertirse en moléculas simples que son absorbidas en el intestino delgado, donde se encuentran las vellosidades intestinales. Estas son las puertas por las que las moléculas nutritivas entran en la sangre. 

El intestino es el punto de partida de nuestro metabolismo, y uno de sus destinos clave es, precisamente, el hígado. ¿El destino final? Las células adiposas, donde culmina este proceso metabólico.

Fibrosis, cirrosis y diabetes de origen hepático: enfermedades del hígado

El hígado puede desarrollar fibrosis e incluso cirrosis si no se detiene la acumulación constante de triglicéridos. En un estado de esteatosis el hígado no puede extraer la insulina de la sangre.

La acumulación de grasa en el hígado, la incapacidad para extraer la insulina de la sangre y la acumulación de grasa abdominal y visceral conducen a la diabetes mellitus tipo 2, una verdadera epidemia silenciosa, cada vez más común y que afecta a personas de edades cada vez más jóvenes.

El hígado graso tiene una responsabilidad primordial en la aparición de la diabetes, que por ello puede denominarse diabetes hepática.

pareja cocinando

Para quienes padecen esteatosis hepática, es muy importante mantener bajo control los valores de glucemia e insulina en ayunas. Bajo la supervisión del médico, puede resultar útil evaluar el índice HOMA (indicador de resistencia a la insulina), que se calcula a partir de los valores de glucemia e insulina en ayunas con esta fórmula matemática sencilla:

HOMA = glucemia x insulina/405

Si el valor es superior a 3, se está en un estado de insulinorresistencia. Si no se corrige, conduce a una diabetes hepática. No debemos subestimar la esteatosis hepática.

Los alimentos aliados del hígado y del intestino: los prebióticos

La alimentación influye directamente en la composición bacteriana del intestino. Comer alimentos ricos en fibras alimentarias particulares, llamados prebióticos, mejora el tránsito y el bienestar intestinal.

Los alimentos prebióticos estimulan el crecimiento de la microbiota intestinal, es decir, el conjunto de poblaciones bacterianas que habitan en el tracto intestinal y ejercen importantes funciones en la regulación inmunitaria, metabólica y digestiva.

Los prebióticos son moléculas no digeribles, contenidas en verduras frescas de temporada, frutas y cereales integrales. Diversos estudios científicos recientes han demostrado que una alimentación rica o complementada con prebióticos puede modular beneficiosamente la composición de la flora intestinal y mejorar las enfermedades hepáticas, reducir los depósitos de grasa corporal y restablecer un perfil metabólico correcto. 

Los efectos saludables de los prebióticos se ejercen a través de dos mecanismos:

  • corrección de la regulación de la glucemia y del metabolismo lipídico;
  • modulación selectiva de la microbiota intestinal y la inflamación.

Pero, ¿cuál es la relación del hígado con todo esto? Existe una estrecha interacción entre el hígado y la microbiota intestinal: la enorme masa de bacterias intestinales. Las bacterias beneficiosas para el hígado y el intestino se alimentan de fibras alimentarias hidrosolubles, que ayudan a proteger la función y el bienestar intestinal, y la funcionalidad del hígado.

platos de comida saludable para el hígado

¿Qué comer para depurar el hígado y el intestino?

El plan alimentario para cuidar el hígado (y prevenir la esteatosis) consiste en estimular la modulación génica del ADN de los hepatocitos (células del hígado) a través de los ácidos grasos insaturados omega-3 naturales contenidos en:

  • pescado
  • cereales integrales (como avena o cebada)
  • frutos secos
  • legumbres (preferiblemente garbanzos y lentejas)
  • aceite de oliva virgen extra
  • aceite de linaza crudo extraído en frío
  • aceite de krill
  • verduras frescas

La regla general para depurar el hígado y el intestino sigue siendo reducir los alimentos compuestos de harina y los alimentos ricos en ácidos grasos saturados de origen animal. Además, para regenerar el hígado, es importante tomar alcohol con moderación.

A continuación, algunos de los alimentos amigos del hígado y del intestino que puedes incluir en tu dieta.

Semillas de comino

Las semillas de comino tienen un efecto protector intestinal y sistémico-corporal, debido a potentes acciones antioxidantes contra los radicales libres y a la capacidad de estimular las enzimas que desintoxican el hígado. Las semillas de comino son una buena fuente de hierro y son beneficiosas para el sistema digestivo.

Con las semillas de comino se puede preparar una excelente infusión depurativa para el bienestar intestinal. La preparación es sencilla: hervir 8 g de semillas de comino, 8 g de semillas de hinojo y 8 g de semillas de menta piperita en agua durante dos minutos.

Infusiones depurativas y digestivas

A propósito de las infusiones destinadas a desintoxicar el hígado y el intestino, conviene recordar que numerosas plantas medicinales pueden contribuir a favorecer las funciones depurativas y digestivas del hígado, combinando eficacia y sabor. He aquí una receta con un sabor ligeramente amargo:

  • Menta piperita 30 %
  • Raíz de regaliz 25 %
  • Partes aéreas de fumaria 15 %
  • Hojas de alcachofa 10 %
  • Raíz de diente de león 10 %
  • Anís estrellado 10 %

Lechuga

Posee mucha agua, ¡el 95 % de su peso!

Con muy pocas calorías, posee fibra alimentaria soluble en agua que en el intestino absorbe las sales biliares producidas por el hígado, lo que se traduce en disminución del colesterol en sangre y regulación de la absorción de glucosa sin provocar subidas bruscas de azúcar en sangre posprandial.

Esto limita la secreción de insulina, la hormona que provoca hambre continua si el azúcar en sangre baja demasiado.

Berenjenas

Reinas indiscutibles del huerto de verano y de los alimentos depurativos del hígado y el intestino, las berenjenas son uno de los mejores productos que podemos incluir en nuestra mesa. Gracias a la altísima cantidad de agua y potasio que contienen, son excelentes aliados para contrarrestar la retención de líquidos (y, por tanto, la celulitis). 

Poseen propiedades depurativas y ligeramente laxantes. Regulan y estimulan la función hepática, favoreciendo la producción y eliminación de la bilis.

Dieta pescatariana

La fibra soluble presente en los cereales integrales, las legumbres y las verduras forma, junto con el agua, un gel protector que recubre las vellosidades del intestino delgado y ejerce una acción prebiótica beneficiosa en el colon.

Las legumbres también pueden consumirse en forma de puré, para mejorar su aceptación y digestibilidad. Las verduras crudas deben incluirse al inicio de cada comida, variadas, frescas y de temporada, cortadas en trozos finos para facilitar la digestión. Es preferible usar vinagre como aliño principal en lugar de sal. Puedes enriquecer los platos con frutos secos (nueces, almendras, semillas de calabaza o pistachos).

Opta por pescado en lugar de carne roja o blanca, elige quesos frescos y blandos, y bebe agua antes, durante y después de las comidas (idealmente té verde u otra bebida caliente). Finaliza cada comida con un plato caliente de verduras cocidas de temporada, aliñado con aceite de oliva virgen extra.

Durante el día puedes tomar zumos de frutas y verduras entre comidas (a media mañana, por la tarde o después de cenar).

Cerveza: el «pan líquido»

¿Cómo encontrar salud y bienestar en la bebida fermentada más antigua del mundo? Conocida desde siempre como «pan líquido», la cerveza es tanto una bebida como un alimento.

Los nutrientes presentes en sus ingredientes contribuyen a mantener la integridad y la funcionalidad de las células humanas. La combinación de todos sus nutrientes convierte a la cerveza en un verdadero alimento.

Su equilibrio entre una cantidad moderada de etanol y el resto de nutrientes es lo que define su carácter. En definitiva, ¡la cerveza es mucho más que alcohol!

Tomemos dos tipos de cerveza en particular:

  • Cerveza artesanal: puede considerarse un alimento prebiótico porque contiene inulina, una fibra hidrosoluble especial procedente de la cebada, y fructooligosacáridos (FOS), betaglucanos también derivados de la cebada, alimento básico de la cerveza. Estos nutrientes presentes en solución en la cerveza no son digeridos por las enzimas del aparato digestivo y no son absorbidos por la mucosa intestinal, llegando intactos al colon. Aquí son metabolizados por las Bifidobacterias, contribuyendo así al desarrollo y mantenimiento de microorganismos endógenos beneficiosos (Bifidobacterias y Lactobacilos) como su fuente de carbono. Esta condición intestinal limita la presencia y el crecimiento de bacterias patógenas y nocivas.
  • Cerveza cruda: es una cerveza sin pasteurizar, una cerveza viva. Una cerveza «cruda» se define así porque contiene levaduras y bacterias vivas que siguen fermentando hasta el momento del consumo. 

Los microorganismos responsables de la fermentación de la maltosa -derivada de la cebada- siguen presentes y activos en la bebida, por lo que pueden introducirse en el organismo para realizar beneficios para la integridad y la función intestinal, además de aportar vitaminas hidrosolubles del complejo B (especialmente vitamina B12 y ácido fólico).

La mayoría de las cervezas crudas son también artesanales, con una vida útil más corta.

Aun con sus excelentes propiedades como bebida-alimento, debe consumirse siempre con moderación, debido a su contenido alcohólico.

Un consejo práctico

¡Nunca añadas sal al freír!

Agregar sal durante la fritura provoca reacciones químicas tóxicas. Pueden generarse sustancias nocivas como la acroleína (perjudicial para el hígado y la mucosa intestinal), y la sal añadida solo acelera estas reacciones, actuando como catalizador.

Por último, una medida elemental para evitar tentaciones: evita dejar el salero encima de la mesa.

Otros artículos que faltan

Meteorismo: descubramos juntos las causas, síntomas y remedios

Beneficios de las especias: por qué son buenas para el intestino

Métodos para digerir bien: alimentación, ejercicios y consejos de postura