Alimentación y calidad de la comida para vivir sanos y felices

Comer bien para vivir mejor

Comer es una de las actividades más importantes que realizamos cada día. Es fundamental para nuestra supervivencia, pero también juega un importante papel en la vida social y las relaciones, para vivir felices y sentirnos sanos y llenos de vitalidad. Para conseguirlo, es necesario comprender totalmente la estrecha relación que hay entre alimentación y tubo gastrointestinal.

Puede que no todo el mundo sepa que cada día el tubo digestivo recibe unos 2-3 kilos de comida entre alimentos líquidos y sólidos; nuestra salud física y psicológica, nuestro aspecto y nuestra longevidad dependen precisamente de lo que decidimos comer cada día. Vamos a ver juntos por qué.

La comida: un sistema complejo de moléculas

Podemos definir la comida como un sistema complejo de moléculas alimentarias (hidratos de carbono, proteínas, lípidos, vitaminas, minerales, fibra alimentaria y moduladores génicos, que son nutrientes que actúan sobre el ADN), mediante las cuales la naturaleza consigue su objetivo principal: dar la vida. Cuando ya están dentro del organismo, estas fórmulas químicas inanimadas generan nuevas células, renuevan a diario todos nuestros órganos y tejidos y crean emociones positivas y negativas.

El tubo gastrointestinal se encarga de favorecer todo este proceso a través de su mucosa y transforma la comida, que es un elemento ajeno al cuerpo humano, en componentes esenciales y vitales para el organismo.

En la práctica, la comida que elegimos cada día al sentarnos a la mesa dialoga, a través del intestino, con los demás órganos y aparatos del organismo; todo esto afecta inevitablemente a la calidad de vida, tanto para bien como para mal. Decidir conscientemente sobre nuestra alimentación significa tomar un tratamiento preventivo para la salud.

Un tratamiento que empieza antes de que la comida llegue a la boca, ya que cuando el alimento llega al intestino, escapa a nuestro control.

Comer es pensar

Podemos elegir qué tipo de comida tomar, pero no podemos guiar la digestión de la comida en el intestino, porque este último está conectado al sistema nervioso autónomo, es decir, no depende de nuestra voluntad.

Después de comer, se producen, al margen de nuestra conciencia, todos los procesos vitales fisiológicos, hormonales, nerviosos e inmunitarios relacionados con la digestión y la absorción intestinal de las moléculas alimentarias.

Nuestro cuerpo se construye y se renueva cada día a través de procesos autónomos y los alimentos ingeridos, tras pasar por la boca, pierden el contacto con nuestra conciencia.

Estos procesos autónomos del intestino están condicionados por la calidad, la composición en nutrientes de los alimentos y la forma en que estos se combinan en el plato.

Los cinco sentidos nos ayudan a elegir los alimentos que vamos a consumir, pero lo que no todo el mundo sabe es que, cuando estos pasan al intestino, las estimulaciones sensoriales de la comida permanecen activas, no desaparecen.

El intestino sigue percibiendo olores y sabores a través de sus receptores sensoriales y, también al margen de la conciencia, registra todo e informa al cerebro de la calidad molecular de los alimentos ingeridos.

La comida deja huella en todo el tubo gastrointestinal y esta huella, al llegar al cerebro, condiciona nuestras emociones y nuestro estado de ánimo.

Las moléculas alimentarias actúan sobre las células y las neuronas que hay distribuidas por todo el canal intestinal, las cuales responden a su vez a los estímulos de las moléculas alimentarias desplegando un continuo diálogo vital y extraordinario entre alimentos y sistema gastrointestinal.

El sistema gastrointestinal, a través de la gestión postprandial de los nutrientes, es capaz de condicionar la salud metabólica, la salud visceral y psicológica, la acumulación y la expulsión de grasa corporal.

Por lo tanto, el hecho de alimentarse implica bastante más que un mero cálculo de las calorías diarias. Los alimentos no actúan solo en forma de energía, sino que regulan también la comunicación entre las células del organismo.

La persona que come sin pensar en los efectos que puede tener la calidad de los alimentos en el sistema nervioso autónomo y en la mucosa intestinal se arriesga a padecer trastornos y enfermedades que afectan no solo al intestino, sino al plano psicológico y a todo el organismo.

Somos lo que comemos

Hemos oído esta afirmación muchas veces, pero ahora sabemos que no es del todo correcta. Somos lo que digerimos y absorbemos.

Como hemos dicho, el tubo gastrointestinal se encarga de analizar y decidir qué puede entrar en nuestro interior y qué no. No obstante, también es correcto tener en cuenta que esta función vital del tubo gastrointestinal está condicionada por lo que elegimos comer.

El diálogo bioquímico entre intestino y cerebro, mediado por la comida que tomamos cada día, es constante y continuo.

Es importante reflexionar sobre nuestra dieta diaria. A menudo las prisas y los continuos compromisos laborales y familiares nos empujan a comer alimentos precocinados que contienen aditivos químicos, o bien comidas ricas en harina y gluten (pizza, pan, productos horneados, galletas, dulces) o bien de origen animal (carne roja, lácteos, quesos, embutidos) con dosis elevadas de grasas saturadas y sin fibra alimentaria insoluble (que sí que contienen las hortalizas, los cereales integrales, las legumbres y las semillas oleosas).

Este tipo de alimentación afecta de forma negativa a la mucosa intestinal, inflama el intestino, favorece una microbiota alterada y puede actuar sobre el metabolismo glucídico sistémico y las neuronas del cerebro, lo cual crea un estado de neuroinflamación que puede afectar al plano psicológico y hacernos sentir tristes, cansados y ansiosos.

El descanso intestinal

¿Cómo podemos favorecer el bienestar del tubo gastrointestinal para vivir sanos y felices?

Podemos empezar por la alimentación para favorecer la higiene y el bienestar intestinal, junto a la renovación fisiológica de las células que revisten toda la superficie del canal gastrointestinal (descanso intestinal). Esta renovación, que se produce cada 3-5 días, es necesaria para que la mucosa pueda desempeñar sus importantes funciones fisiológicas.

El descanso intestinal es, sin duda, el primer objetivo nutricional al que debemos aspirar y podemos conseguirlo decidiendo cada día:

  • Aumentar el consumo de alimentos crudos (en especial hortalizas, mejor si están finamente picadas), líquidos y caldos (sopas, caldos vegetales o purés de verduras, pero también bebidas sin alcohol, té e infusiones)
  • Dividir la alimentación diaria en cinco comidas
  • Reducir el gluten y la lactosa
  • Nutrir la microbiota intestinal mediante un mayor aporte de alimentos prebióticos y probióticos
  • Aumentar el consumo (sobre todo en la cena) de fibras hidrosolubles y proteínas vegetales
  • Reducir la inflamación sistémica e intestinal favoreciendo también el consumo de alimentos ricos en Omega 3
  • Garantizar un aporte de nutrientes denominados «moduladores génicos» (especias, plantas aromáticas y vegetales), que pueden ejercer una acción positiva en el ADN de las células del intestino y de todo el organismo, y también en las bacterias de la microbiota, lo cual mejora el diálogo continuo alimentos → tubo gastrointestinal → microbiota → cerebro
  • Reducir el aporte de ácidos grasos saturados (carnes rojas, lácteos y embutidos)

Por último, además de elegir alimentos en función de los nutrientes que contienen, es importante tener también en cuenta otro tipo de cualidad que condiciona cada vez más la salud: la calidad de producción de la comida.

Cada vez es más importante comprobar la cadena de producción de los alimentos que consumimos a diario. Si bien es verdad que la agricultura y la ganadería intensivas, junto con el procesamiento industrial de los platos precocinados, nos ofrecen una gran cantidad de comida, pero también alteran mucho la calidad nutricional de los alimentos y nuestro tubo gastrointestinal es el primero en resentirse.

Por lo tanto, debemos volver a tomar en la mayor medida posible alimentos integrales y poco transformados, además de consultar siempre las etiquetas de los alimentos para limitar y evitar aquellos con un contenido excesivo de conservantes y aromas sintéticos, que aumentan la carga de trabajo del sistema gastrointestinal y afectan a nuestra felicidad y vitalidad.

La salud y la felicidad surgen en el tubo gastrointestinal.