Estómago e intestino: una visión sistémica

Más allá de la mera digestión

¿Qué significa estar sano? Sin duda alguna, vivir en un estado de bienestar físico y mental, además de social.

Pero si nos paramos a pensar qué entendemos por salud individual, el bienestar del tubo digestivo no es lo primero que se nos viene a la cabeza.

Relegamos la boca, el esófago, el estómago y el intestino a meras estructuras de paso por las que viajan los alimentos y las bebidas con el fin de proveernos los nutrientes esenciales para la vida, además de eliminar las sustancias de desecho.

Sin embargo, no nos damos cuenta de que estas estructuras de nuestro organismo hacen mucho más: nos mantienen continuamente en contacto con el entorno exterior. Después, mediante sofisticados mecanismos, identifican lo que puede absorberse y lo que puede suponer una amenaza o ser potencialmente nocivo. ¿Cómo es posible?

En contacto con el mundo exterior

Nuestro aparato digestivo forma parte de nosotros. Está dentro de nuestro cuerpo pero, al mismo tiempo, se considera también exterior, ya que posee una vía de entrada y otra de salida: las mismas por las que viaja la comida y con las que se comunica con el medioambiente.

La propia comida es ajena al organismo, pero ¿cómo explicamos entonces la expresión «somos lo que comemos»? ¿Cómo se convierte la comida en «nosotros»?

¡La respuesta está en la mucosa del tubo gastrointestinal<! Se trata de una pared que separa el entorno exterior que discurre por nuestro interior del organismo en sí, con una superficie estimada de unos 100 m². ¡Como un bonito apartamento! Es una extensión enorme si tenemos en cuenta que la piel que cubre el cuerpo ocupa una superficie de (tan solo) 2 m².

Al igual que la piel, la mucosa gastrointestinal percibe todo lo que pasa al estómago y al intestino, lo controla y lo gestiona, pues decide lo que puede entrar (o absorberse) en la circulación sanguínea y lo que hay que eliminar.

Estómago e intestino: más allá de los 5 sentidos

La mucosa del estómago y el intestino se encarga de supervisar continuamente el contenido gástrico e intestinal gracias a sus numerosos sensores, que reconocen nutrientes, microorganismos y toxinas y envían esa información a sistemas más amplios capaces de reelaborar respuestas: el cerebro —el primero de todos—, el sistema hormonal (endocrino), el inmunitario y todo el metabolismo celular.

En esta comunicación es fundamental el nervio vago, que transmite y procesa la información sensorial percibida en la mucosa gastrointestinal; por este motivo también se lo denomina el «sexto sentido».

Cada vez que ingerimos alimentos, sus moléculas actúan en las células y las neuronas del tubo gastrointestinal, que a su vez responden. Se crea de esta forma un diálogo esencial y extraordinario entre las moléculas alimentarias y el sistema gastrointestinal, encargado de gestionarlas.

Esta comunicación puede condicionar la salud mental, metabólica y visceral y puede fomentar la acumulación o la expulsión de grasa corporal.

Por eso, la mucosa gastrointestinal tiene funciones esenciales y vitales para el organismo y hay que protegerla para mantener nuestra salud sistémica: ¡somos lo que pasa por esta pared!

El intestino es un órgano unitario, sistémico y sensorial. Es un guía metabólico, hormonal, neural e inmunitario de todo el organismo.

Una visión sistémica

Cada vez que comemos se desencadena toda una serie de acciones biológicas que afectan al organismo en su totalidad y no solo al estómago o al intestino:

  • Cambia la microbiota intestinal, es decir, el conjunto de microorganismos que vive en el intestino
  • Cambia el metabolismo de las células
  • Cambia el perfil hormonal, y el perfil génico también se ve afectado.
     

Por lo tanto, existe una relación vital entre el tubo gastrointestinal, el cerebro y la microbiota de todo el organismo, no solo la intestinal.

La microbiota presente en el tubo digestivo está conectada a su vez con todos los microorganismos de nuestro cuerpo, como, por ejemplo, la microbiota de la cavidad oral, las vías urinarias o la propia piel: ¡El bienestar de una influye en el bienestar de las demás!

Las claves de la salud sistémica

Tenemos que replantearnos el papel del estómago y el intestino como puntos de origen de redes complejas que conectan todo el organismo. Vayamos más allá de una sola parte y tengamos en cuenta todo el tubo digestivo desde un punto de vista sistémico, que considera al organismo en su complejidad.

Cuidemos del estómago y el intestino para garantizar ese diálogo vital y extraordinario que se genera entre las moléculas alimenticias, el sistema gastrointestinal y todo el organismo humano, para la salud de hoy y del mañana.