Los diagnósticos de alergias e intolerancias alimentarias no paran de crecer. A menudo cometemos el error de autodiagnosticarnos: «Siempre me hincho después de comer pasta, seguro que tengo celiaquía».
La hinchazón es un síntoma frecuente de alergias e intolerancias, junto con la diarrea, el dolor de estómago después de comer y los calambres abdominales, pero ¿de qué depende? ¿Qué ocurre en el intestino en estos casos? ¿Alergias e intolerancias se consideran sinónimos o son dos afecciones diferentes?
¡Vamos a verlo juntos!
La alergia alimentaria es la reacción del sistema inmunitario a una determinada sustancia (el alérgeno) ingerida con los alimentos. Siempre que ingerimos el alérgeno, sin importar la cantidad, el sistema inmunitario reconocerá que es algo contra lo que debe luchar y se activará.
Su activación se manifiesta con diferentes síntomas: diarrea, hinchazón, calambres abdominales, prurito, enrojecimiento de la piel, hinchazón de la lengua y la garganta.
Uno de los síntomas típicos de las alergias e intolerancias alimentarias es la hinchazón abdominal después de comer. ¿Por qué sucede? ¿Qué pasa si comemos alimentos a los que somos intolerantes o alérgicos? Como hemos mencionado antes, estas afecciones son diferentes.
En el caso de las alergias, los alimentos se digieren y descomponen en nutrientes, se absorben y el sistema inmunitario, al reconocerlos como nocivos, se activa liberando histamina y desencadenando todos los síntomas típicos de las alergias.
En cambio, si tenemos una intolerancia, el alimento no se digiere tras llegar al intestino (como ocurre con la lactosa). En este punto la microbiota intestinal lo fermenta y produce más gases; esto causa hinchazón y dolor, además de aumentar la afluencia de líquidos al colon, lo que resulta en diarrea.
En general, las enzimas necesarias para la digestión se encuentran en las vellosidades intestinales, que son estructuras de la pared del intestino. En caso de intolerancia, la disminución en la cantidad de enzimas puede deberse a varios factores, por ejemplo genéticos, pero la salud y la integridad de la mucosa intestinal también tienen bastante peso.
En las alergias también es importante tener en cuenta la mucosa intestinal. Una mucosa dañada deja pasar también sustancias no deseadas, lo cual provoca una mayor activación del sistema inmunitario.
Otra función esencial es la de la flora bacteriana, es decir, la microbiota intestinal. Como hemos dicho antes, los microorganismos fermentan las sustancias y producen gas.
La fermentación y la consiguiente producción de gas en caso de intolerancias pueden verse aún más alteradas por un estado de disbiosis, es decir, una alteración en la composición de la microbiota.
Además, estudios recientes demuestran que las bacterias intestinales son fundamentales para regular también las respuestas alérgicas a los antígenos alimentarios y señalan que los tratamientos que modulan las comunidades bacterianas pueden ser terapéuticamente relevantes para las alergias alimentarias.
Dicho esto, vamos a ver por qué la integridad de la mucosa intestinal y el equilibrio de la microbiota son indispensables para prevenir y evitar las intolerancias y alergias alimentarias. Para ello, también es fundamental llevar una alimentación saludable.
Por el contrario, una dieta desequilibrada puede provocar disbiosis y dañar la mucosa. El reciente aumento de diagnósticos de alergias e intolerancias parece deberse también a los cambios en los hábitos alimentarios de los últimos años.
El creciente consumo de alimentos procesados y elaborados, con poca fibra y materias primas de poca calidad, acaba afectando negativamente a la composición de la microbiota intestinal y a la integridad de la mucosa.
Además de la hinchazón, otro síntoma gastrointestinal típico de alergias e intolerancias es la diarrea: en estos casos actúa como un mecanismo de defensa para eliminar sustancias que nuestro organismo reconoce como tóxicas.
También pueden presentarse dificultades digestivas, náuseas y vómitos. Especialmente cuando estos síntomas se producen con frecuencia, es importante investigar de inmediato las causas. De hecho, si la causa es una alergia o intolerancia y no excluimos los alimentos que la provocan, corremos el riesgo de pasarlo mal con restricciones alimentarias y comportamientos equivocados con el único objetivo de evitar los síntomas sin poder resolverlos.
Si a esto le unimos los posibles daños en la mucosa intestinal que pueden producirse por la ingesta repetida de alérgenos o sustancias a las que somos intolerantes, provoca una menor absorción de los nutrientes y, con el tiempo, carencias nutricionales.
Lo único que hay que hacer es dejar de consumir los alimentos que provocan la alergia o la intolerancia. Sin embargo, antes de hacerlo conviene recibir un diagnóstico definitivo del problema en cuestión, evitar el autodiagnóstico y acudir a un médico o especialista que pueda aconsejarnos la prueba más adecuada para nuestra dolencia.
¿Cómo detectar las intolerancias alimentarias? El diagnóstico se realiza con diferentes pruebas dependiendo del problema.
Por ejemplo, para diagnosticar la intolerancia a la lactosa se utiliza la prueba de aliento. En cuanto a la intolerancia al gluten, es decir, la enfermedad celíaca, es necesario analizar la presencia de anticuerpos específicos en la sangre. Después se realiza un análisis histológico de biopsias duodenales.
Por otro lado, las pruebas de alergia alimentaria consisten en una prueba cutánea (prick test) y pruebas de laboratorio. Por lo general, estas pruebas cutáneas se realizan con extractos de alérgenos alimentarios o alimentos frescos.
